ISSN: 2695-4621
Resolución de 28 de mayo de 2018, del Instituto Nacional de Administración Pública, por la que se convoca la Jornada sobre "Los compromisos sociales de la nueva ley de contratos del sector público como herramienta para lograr una mayor eficiencia en la contratación pública" (BOE 30/5/2018)
La Federación reclama un nuevo modelo más seguro y menos dependiente de los impuestos estatales y autonómicos. En CNAL, insistirá en dar flexibilidad a la regla de gasto
La FEMP defenderá un nuevo modelo de financiación local más autónomo, basado en un modelo de Participación en los Ingresos del Estado y de las Comunidades Autónomas más estable y menos dependiente de las decisiones fiscales de estas Administraciones. Así lo ha subrayado esta mañana el Presidente de la FEMP, Abel Caballero, que tras la celebración de la Junta de Gobierno de la Federación, ha pedido claridad en el sistema de cálculo de las liquidaciones, que, entre otras cuestiones, este año 2018 incrementará menos de lo esperado las transferencias a los Gobiernos Locales, en torno a 250 millones mientras que para las Comunidades Autónomas se superan los 4.000 millones.
En este marco, desde la FEMP se ha reclamado que el nuevo sistema de financiación local, que debe empezar a negociarse, se asemeje más al que rige en la actualidad para las Comunidades Autónomas, que aporte mayor claridad y, sobre todo, que sea más autónomo, que señale cuáles son las bases y cuáles los porcentajes de cálculo.
Estas propuestas se defenderán en la próxima reunión de la Comisión Nacional de Financiación Local (CNAL), prevista para el próximo junio; un encuentro en el que, además, desde la Federación se reivindicará nuevamente la flexibilización de la regla de gasto. Según ha apuntado el Presidente, Abel Caballero, “en marzo de 2019, a tres meses de las elecciones, los Gobiernos Locales volverán a ser examinados sobre sus resultados en materia de equilibrio presupuestario, deuda y regla de gasto. Mientras los dos primeros no plantean problema alguno, el tercero sigue actuando como factor limitativo de la actuación local”.
Fuente: FEMP
Este encuentro, que se celebrará en Santander del 16 al 18 de julio, está organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en colaboración con el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP). Está destinado a profesionales del sector público y privado implicados en la reflexión y diseño de políticas y servicios públicos para la sociedad digital.
Se enmarca en la iniciativa “Foro 2030” del INAP, que busca establecer un espacio innovador que, en el marco de la Agenda 2030 y los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), fomente el análisis de las tendencias de la sociedad del futuro, la identificación de los principales desafíos de la Administración pública y la definición de alternativas novedosas de acción. A lo largo de 2018 se llevará a cabo un ciclo de conferencias acerca del impacto de determinadas tecnologías en la sociedad y en áreas clave de la acción pública.
Como continuación del ciclo de conferencias, este encuentro, en la UIMP se concibe como un espacio en que el definir las estrategias e iniciativas de impacto social que debe poner en marcha la Administración pública frente a los desafíos analizados, promoviendo la reflexión con actores multidisciplinares a partir de los diálogos generados en las conferencias previas.
El encuentro se focaliza en buscar respuestas a dos preguntas clave:
Fuente: http://laadministracionaldia.inap.es

Por Antonio Arias Rodríguez
La conferencia de Ricardo Rivero en la clausura del COSITAL2018 (ver entrada anterior) no versó sobre normativa ni jurisprudencia local. El rector salmantino, ante la atenta mirada del secretario vallisoletano Valentín Merino y del presidente colegial, José Luis Pérez, presentó algunas reflexiones dedicadas especialmente a los habilitados nacionales, repasando una decena de películas o libros imprescindibles de las que podemos extraer interesantes lecciones.
Es cierto que los congresos sirven, fundamentalmente, para ponernos al día sobre los asuntos profesionales que nos trae el Boletín Oficial del Estado, pues necesitan ser interpretados y analizados en profundidad. La complejidad de las funciones de interventores, secretarios y tesoreros no permite ningún relajo y siempre deben estar a la última.
También el espíritu debe ser alimentado y por ello es de agradecer un discurso de cierre que nos hable de las enseñanzas del deporte, de la mejora por la (auto)crítica en los errores o en la toma de decisiones equivocadas. Desatendemos el factor humano de las instituciones. Es bueno que, desde fuera, se nos recuerde. Sobre todo si tenemos en cuenta que el control interno de las organizaciones es un proceso (COSO) que realizan las personas ¿No deberíamos prestarle más atención? No me refiero al análisis legal.
Nuestra Oficina Nacional de Auditoría, en sus normas (Nota 3/2016) no elude estos factores emocionales cuando evalúa el control interno de una organización y prepara su futuro trabajo estudiando la entidad y su entorno, lo que le permitirá calificar el grado de confianza que le suponga y si los riesgos están en límites razonables. Para ello utiliza cuestionarios, flujogramas, descripción de procedimientos y controles. Así, cuanto mayor confianza deposita en el control interno habrá pruebas menos exhaustivas.
En nuestro mundo fiscalizador, hay que reconocer al funcionario gaditano Luis BarrioTato, la iniciativa de investigar el factor emocional en la auditoría. En un primer artículo (núm. 44/2008 de Auditoría Pública) se planteaba la importancia de la inteligencia emocional en las organizaciones y en la función de auditoría, estableciendo una correlación entre los elementos del control interno y las competencias emocionales, apuntando un modelo de cuestionarios para evaluarlo. En otro artículo posterior (núm. 49/2009 de Auditoría Pública) presentó el papel de la gestión emocional en la evaluación del entorno de control como elemento fundamental del control interno.
Todas las organizaciones, cualquiera que sea su tamaño, poseen una cultura con características distintivas alimentadas por medio de una serie de prácticas en recursos humanos. Así, la profesora Val Pardo distingue una cultura organizativa fuerte (liderazgo claro, símbolos y ritos de unidad, sentido de pertenencia, fomento y desarrollo de las capacidades disponibles, apuesta por los recursos humanos) y débil (descuido de los recursos humanos, tecnología obsoleta y dirección estratégica no clara y estructura no adecuada al medio).
También hay cultura autocrática (controles muy exhaustivos, jerarquía de la autoridad, distribución y estructuración vertical, fines y metas impuestos, sin facilitar el consenso) o participativa (fomento de la dimensión horizontal, grupos de trabajo autónomos y multidisciplinares, fluidez de información y confianza en los empleados). Por último, existe la gestión saludable (dirección con perspectiva externa y credibilidad interna, comportamiento que permite ajustar las acciones y necesidades y el fomento de la innovación) o enfermiza (la dirección no valora debidamente a sus empleados ni a los usuarios; la gestión es centralizada y muy burocrática con freno a la innovación). Intenta identificar dentro de este catálogo dónde te encuentras, querido lector. Disfruta mientras puedas si estás en una institución con una cultura fuerte, participativa y saludable, que es el óptimo al que debemos aspirar. En caso contrario ¿Qué puedes hacer para cambiarlo? ¿Contratar un consultor? Ya sé: estás especulando con escapar.
Otros estaréis pensando que en el sector público estos conceptos no importan (bromeaba yo hace más una década así). Aceptamos que los Consejos de Administración en las sociedades privadas deben velar por mantener, por ejemplo, una buena imagen de la organización, ante sus clientes. No despreciemos el capital reputacional en el sector público. ¿Cuánto le ha costado en ese aspecto a la Universidad Rey Juan Carlos el asunto Cifuentes? ¿Porqué 3.000 empresas huyen de Cataluña? No todo es el frío análisis económico.
Con su “teoría de las inteligencias múltiples”, Howard Gardner planteó la idea de que todos poseemos diferentes tipos de inteligencias (ya sabéis, en plural) como la lógico-matemática, interpersonal, lingüística, espacial, musical …
En esta deliciosa entrevista (sorprendentemente buena la traducción del navegador Chrome para quienes no puedan seguirla en inglés) nos recuerda que si queremos tener una vida plena en el trabajo y fuera del ella, el mejor regalo que podemos tener es una buena educación, una que no sea estrictamente profesional. Cuidemos pues esa parte “no profesional” cultivando nuestro espíritu, conociendo nuestras emociones y las de nuestro entorno.
Fuente: Fiscalizacion.es