La ciudad inteligente busca apoyo en el sector privado

Las áreas urbanas son espacios vivos. Las necesidades de los ciudadanos evolucionan (¿quién imagina un barrio nuevo sin fibra óptica?), y los ayuntamientos tratan de adaptar sus servicios a los nuevos tiempos. Pero además lo hacen con presupuestos menguantes. El reto hoy es gestionar unos recursos limitados de forma inteligente y eficiente, desarrollando iniciativas innovadoras que resuelvan los problemas y mejoren la calidad de vida. Las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental en este nuevo modelo, que se le está dando en llamar smart city (ciudad inteligente).

No hay consenso entre los expertos acerca de qué significa exactamente este término, ni sobre qué elementos concretos debe incluir una localidad para poder recibir ese calificativo. Lo que sí es seguro es que la irrupción de las redes sociales posibilita una participación más activa de los ciudadanos, que pueden contribuir a enfocar mejor las actuaciones de la Administración.

“Trabajar sobre los datos que nos aportan los vecinos nos da mucha más certidumbre a la hora de tomar decisiones”, comenta José Antonio Nieto, alcalde de Córdoba. Lanza esta reflexión en un desayuno de redacción organizado por CincoDías en dicha localidad para debatir las posibilidades y retos de las ciudades inteligentes, así como el papel del sector privado en este terreno. El consistorio que dirige Nieto es pionero en el tema. “Antes diseñábamos las políticas basándonos en intuiciones y opiniones de expertos y técnicos. Ahora la toma de decisiones es más eficiente, porque la gente nos dice qué funciona mal y dónde”, insiste.

Un buen ejemplo de esta política, explica Nieto, es un plan puesto en marcha por el Ayuntamiento para solventar incidencias urbanas. Así, si un vecino ve por ejemplo una farola estropeada, le hace una foto con el móvil y la envía al consistorio, que se compromete a solucionarla en 72 horas. “Dirigimos a los técnicos específicamente a donde fallan las cosas. Ya no tienen que recorrer la ciudad en busca de averías. Al mismo tiempo, el ciudadano comprueba que actuamos para solventar sus problemas”, comenta.

La inclusión activa de los habitantes de la comunidad en el diseño de las políticas y actuaciones municipales se antoja esencial. “El principal valor que tienen las ciudades es la inteligencia colectiva de los ciudadanos”, reflexiona Pablo SánchezChillón, cofundador y consejero delgado de la consultora Eolexcitilab.“Hay que contar con ellos desde el primer momento. Ahí entran los digizens: ciudadanos nacidos y crecidos en el entorno digital, pero que también están arraigados en el mundo offline”. Para ello hace falta llevar a cabo una importante labor de comunicación. “Es una de las asignaturas pendientes de las smart cities”, opina Sánchez Chillón. “Se suele pecar de un discurso excesivamente técnico, que no siempre interesa al ciudadano. Hay que motivar y atraer a la ciudadanía en torno a un proyecto común e identitario”, apunta.

El concurso de la ciudadanía se puede conseguir solo si se promuevela transparencia. Aunquelos primeros en temerla son las administraciones. “A menudo se tiene pánico a ofrecer los datos antes de dar una solución”, cuenta Nieto. Y matiza: “La transparencia no solo da miedo a los alcaldes: también a los ciudadanos, ya que tienen que les faculta para procesar los datos, algo que antes era monopolio de los medios de comunicación, y deben actuar al respecto”.

¿Cómo tratan los consistorios de sumarse al modelo de las ciudades inteligentes? No existe un patrón universal al que agarrarse. Llegar a estructurar estos programas requiere de mucha organización. “Se trata, sobre todo, de encontrar soluciones creativas y adhoc para cada caso, porque cada ayuntamiento tiene unas decisiones específicas”, sugiere José Luis Díez Huber, gerente de smart cities de Telefónica. “El grueso de los servicios a poner en marcha seguramente sean los mismos, pero la clave va a ser la priorización que se haga en cada ciudad. Habrá que identificar si lo más importante es regular el tráfico, mejorar la eficiencia energética o el estado de la infraestructura del agua, los parques, las escuelas, etcétera”, apunta.

La fórmula de la colaboración público-privada, que gana cada vez más peso en sectores como las infraestructuras, encaja bien en este tipo de proyectos. “Las Administraciones deben acotar con nitidez el ámbito de actuación y los objetivos de las iniciativas. A partir de ahí, a escuchar ofertas”, opina Nieto.

Recurrir al capital privado para prestar servicios ciudadanos no es una invención reciente. FCC lo lleva haciendo más de un siglo, tal y como recuerda Juan Pablo Merino, director de marketing corporativo y marca de la multinacional que preside Esther Koplowitz Alcocer. “Los ayuntamientos prestan muchos servicios, aunque a menudo no son percibidos”, explica. FCC llevó a cabo en 2011 una gran encuesta en varias ciudades españolas preguntando cuál sería la localidad ideal en la que vivir y qué prestaciones debería tener de cara al ciudadano. “En ningún caso se mencionaba en las respuestas el servicio de agua potable en las casas, el alcantarillado, la recogida de basuras o la limpieza urbana. El ciudadano da por hecho que esos servicios están ahí”, subraya.

El futuro de las ciudades inteligentes pasa necesariamente por darle entrada al capital privado en el diseño y prestación de servicios, opina Díez Huber. “A fin de cuentas se trata de hacer más con lo mismo o con menos, por lo que la participación del sector privado es imprescindible para conducir el cambio”.

Queda por ver qué tipo de acuerdo es el más indicado para reflejar la colaboración entre las entidades locales y las empresas. “Creo que más que colaboración hay que hablar de implicación público-privada”, arguye Joaquín Larrosa, director de alumbrado exterior de Philips Lighting. Las compañías deben ser proactivas y no tener miedo al fracaso. “Que te rechacen una propuesta nunca es perder el tiempo. Seguro que el trabajo que has empleado en ello te sirve más adelante para otro proyecto”.

“En los proyectos relacionados con las ciudades inteligentes predominan los contratos aislados, verticales”, indica Víctor Manuel Izquierdo, experto en Big Data de la Escuela de Organización Industrial (EOI). “Para afrontar los retos de las smart cities habría que trabajar de forma más colaborativa, en el marco de una arquitectura común que pueda generar todas las sinergias posibles”, reflexiona. Sánchez Chillón coincide en ello. “Estamos hablando de un cambio de paradigma, que implica cambios transversales: urbanismo, infraestructuras e implicación ciudadana deben coordinarse”, sentencia.

Izquierdo pone cuatro requisitos antes de asesorar algún proyecto vinculado a las ciudades inteligentes. “Tienen que ser innovadores, no se puede seguir haciendo lo mismo. También deben conducir a ahorros, nunca a gastos. Tienen que promover la apertura de datos, esto es, hacer visible y aprovechar toda la información que se recoge a través de distintos sistemas. Y es imprescindible también aprovechar los casos de éxito de otras ciudades”, resume.

Fuente: cincodias.com

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